La Cuarta Teoría Política (4TPes)

Antena en español para una Cuarta Teoría Política

Alexander Dugin, reportaje en la revista alemana ZUERST

ALEXANDER DUGIN

por Manuel Ochsenreiter – Perfil de Aleksandr Dugin a cargo de Manuel Ochsenreiter, redactor jefe de la revista mensual ZUERST! (tradicionalista y antisistema, próxima a las ideas de la revolución conservadora y a los postulados del eurasismo – huelga decir que tal publicación no resulta agradable al rígido stablishment de lo “políticamente correcto” reinante en Alemania, y han intentado silenciarla y retirarla de la circulación en múltiples ocasiones).

ZUERST ! que significa “PRIMERO!” y que se define como “Deutsches Nachrichtenmagazin” (“revista alemana de noticias”), hace alusión con su nombre al deseo de que los intereses de Alemania sean defendidos primero; antes que los de la parasitaria casta plutocrática globalista que ha robado la soberanía nacional del país, mediante los burócratas-peleles de Bruselas que exprimen y subyugan no sólo a Alemania, sino a todos los pueblos de la llamada “UE”.

Además de ser una publicación conservadora que defiende los valores tradicionales frente a los delirios progres de la infraizquierda postmoderna, ZUERST! mantiene una línea editorial antiimperialista, soberanista, partidaria de un acercamiento a Rusia en el marco de un eje continental París-Berlín-Moscú, y de solidaridad con los países bajo ataque por la OTAN: Manuel Ochsenreiter estuvo de corresponsal en Siria en un tiempo en el que la violencia terrorista que azotaba la capital era particularmente implacable; cuando entre otros atentados, se produjo el magnicidio que costó la vida a altos cargos del Gobierno, entre ellos el Ministro de Defensa Dawood Rahja, en la operación denominada «Volcán de Damasco».

Allí entrevistó entre otros al sacerdote Elias Zahlawi. Éste relató el calvario al que están expuestos los cristianos orientales que caen en las garras de los energúmenos salafistas (en su mayoría saudíes, libios, turcos o chechenos) que componen las bandas takfiristas mercenarias que intentan desde hace 2 años derrocar al gobierno sirio instigadas e instrumentalizadas por el sionismo y con el beneplácito y apoyo explícito de “occidente”. También entrevistó para ZUERST! a la joven activista Mimi al-Laham , más conocida en Internet como “Syriangirl”.

Ochsenreiter es así, junto al francés Thierry Meyssan y muy pocos más, uno de los escasos reporteros europeos que se atreven a informar de manera honesta sobre conflictos como el de Siria, Libia o Serbia; contradiciendo la versión oficial de los medios imperialistas.

ALEXANDER DUGIN

Reportaje sobre Dugin – Friburgo, diciembre 2012

Ambos, Dugin (acompañado por su hijo Artur) y Ochsenreiter, se encontraron en Friburgo, donde visitaron la casa del célebre filósofo Martin Heidegger (muy estimado por el profesor ruso), compraron libros en anticuarios y charlaron en un café de la ciudad sobre el pasado, el presente y el futuro; sobre política y metapolítica.

Traducido del alemán para TM por Felix W.

El siguiente reportaje se encuentra aún inédito en internet en su versión original alemana – Se puede consultar sólo en la versión impresa del más reciente número de la revista ZUERST! (marzo 2013)

El innovador

Los analistas occidentales “expertos en Rusia” se sienten alarmados ante él. El profesor Alexander Dugin es uno de los más conocidos – y a la vez controvertidos – politólogos rusos

Hace exactamente 30 años desde que el Presidente de EE.UU. Ronald Reagan, subió a la tribuna de oradores el 8 de Marzo 1983 en Orlando, Florida, para dirigirse a los miembros del grupo cristiano conservador “National Association of Evangelicals”. Su redactor de discursos, el ganador estadounidense del premio Pulitzer Anthony R. Dolan había escrito su, por así decirlo, obra maestra. El periodista Dolan, de apenas 32 años de edad, sabía como escenificar correctamente a Reagan.

El discurso de Orlando debía ser impactante, como una bomba. El presidente de los EE.UU. bramó ante los cristianos conservadores contra la Unión Soviética. Pero esta vez no se refería a la URSS tan sólo como una “dictadura comunista” o como “Amenaza a la libertad” – esta vez la calificó como el “Imperio del Mal”. Éste era el patetismo fraseológico que más triunfaba ante la mojigata audiencia que le escuchaba. El público aplaudió durante minutos, poniéndose en pie durante la ovación. No se trataba sólo de mantener a raya a sus competidores ideológicos y geopolíticos, sino que era la clásica lucha del “Bien contra el Mal”, por lo tanto una lucha geopolítica e ideológica. Y propia de las películas del Oeste, en las que también el propio Reagan había actuado en el pasado. Los americanos sabían que al final, los buenos siempre ganan.

La Unión Soviética hace mucho que ya no existe. Ahora está la Federación Rusa en su lugar. Rusia ya no es comunista, ya no tiene a su alrededor a sus estados socialistas satélites y ya no envía misiles nucleares a Cuba. Y hoy ya no huyen intelectuales soviéticos en aventureras condiciones hacia el Oeste, sino que actores como el francés Gérard Depardieu se establecen de manera completamente legal y en primera clase a Rusia. Pues allí hay un impuesto fijo bajo y una buena vida para quienes tienen la ventaja de ser una celebridad.

Y, aún así, en los medios occidentales Rusia tiene nuevamente el viejo papel de villano: El presidente ruso Vladimir Putin sería una especie de dictador, que practica una oscura política autoritaria y megalomaníaca. En el Consejo de Seguridad de la ONU Rusia es de nuevo ante los ojos de muchos observadores occidentales el notorio obstáculo, ya conocido desde los tiempos de la Guerra Fría. Y las gamberras anarquistas profanaiglesias “Pussy Riot ” son hoy en día ensalzadas en Occidente como se hizo en el pasado con el disidente ruso Alexander Solzhenitsyn.

El Prof. Alexander Dugin es uno de los más conocidos intelectuales de la nueva Rusia que vuelve a inquietar a Occidente. Y como tal, en los principales medios de comunicación del establishment de la Bundesrepublik, Dugin no tiene muy buena prensa.

Especialmente el diario izquierdista-progre “taz” ve en ese hombre alto y de larga barba algo amenazante. Dugin, escribe la taz, es “ideólogo-jefe” y aunque se considera “filósofo”, pero sería más correcto calificarlo como líder de una secta “. En los escritos de Dugin observan los redactores de la taz incluso una “retórica fascista”.

El historiador alemán Andreas Umland, que imparte clases de Historia de Europa central y oriental en la Universidad Católica Eichstätt-Ingolstadt llegó a señalar en 2008 que la influencia de Alexander Dugin en la política rusa podría incluso provocar una “segunda guerra fría entre Moscú y Occidente “. 30 años después del discurso de Reagan, los periodistas, académicos y políticos occidentales, una vez más se alarman por una “malvada Rusia bajo el control de un lider sectario”

El “imperio del mal” parece estar de vuelta. Alexander Dugin sonríe cuando oye esas cosas sobre él. Él conoce esos ataques, que parecen no molestarle.

En Friburgo de Brisgovia está frente a la casa del filósofo Martin Heidegger, mientras que su hijo Artur coloca su cámara en el trípode. El cielo es gris oscuro, sopla un viento frío. El informe del tiempo ha previsto lluvia, pero hasta ahora sigue sin llover. A través de los árboles avanza la niebla. Alexander Dugin sepulta las manos en los bolsillos de su abrigo, y su mirada se fija en el cielo. “El tiempo es perfecto”, dice satisfecho. Con su hijo, está grabando un video documental sobre Martin Heidegger. Para encontrar la casa de Heidegger hay que saber la dirección exacta. Ninguna señal indica el camino, casi ninguna guía turística la señala. Friburgo no está orgulloso de “su” filósofo, al contrario. Se lo ha condenado al ostracismo. Pues Martin Heidegger habría sido un “filósofo nazi”. Y en una ciudad universitaria gobernada por los progres se está orgulloso de las zonas con poco tráfico y de la presencia de tiendas de “comercio justo” pero no de un filósofo de fama mundial.

Dugin sacude la cabeza. Casi parece como si tuviera un poco de compasión por nosotros los alemanes. “Martin Heidegger fue el más importante Filósofo del siglo XX”, asegura Dugin y acaricia brevemente su barba. “Pero aquí en Friburgo hay que buscar mucho tiempo para encontrar sus obras en una librería”. Se trata de la primera confrontación de Alexander Dugin con el “complejo de culpa” alemán, de su primera visita a Alemania. En Rusia, dice Dugin, Martin Heidegger es muy apreciado. En la Universidad de Moscú, donde Dugin imparte clases, el filósofo alemán tiene gran importancia. Que los alemanes, ya no sepan valorar a sus propios próceres es algo dificil de entender para el profesor ruso. El admirador declarado y amigo de los alemanes se siente en una tierra de nadie que se pelea contra ella misma. La cámara se encuentra finalmente en posición, Dugin pasa por delante de la casa de Heidegger.

Dugin, nacido en 1962 en Moscú, conoce a Heidegger desde la era soviética.

Antes del colapso de la URSS, organizó círculos de lectura y grupos, donde saltándose las convenciones académicas imperantes bajo el gobierno del Partido Comunista se leían y discutían obras que en las universidades soviéticas eran muy difíciles de adquirir.

Cuando Mikhail Gorbachev, durante el último periodo de la URSS proclamó la glasnost y la perestroika, Alexander Dugin y otros con ideas afines se dedicaban a probar de los frutos (aún) prohibidos: Además de Martin Heidegger fueron también leídos y debatidos el filósofo italiano Julius Evola y el francés René Guénon.

Cuando, después de la desintegración de la Unión Soviética, Boris Yeltsin gobernaba en Moscú, llegó la gran hora de los profetas del “mercado libre” en Rusia. En pocos años se formó una casta de riquísimos oligarcas. Bajo el bebedor Boris Yeltsin fueron saqueados los recursos del país y repartidos entre algunos “hombres de negocios” a menudo ex-funcionarios de la organización juvenil comunista Komsomol, disuelta en 1991.

En el vacío político de este colapso total Alexander Dugin, entre otros, se negó a aceptar que Rusia fuera, como otros países del este de Europa, anexada en calidad de colonia por la esfera liberal occidental. En 1992 – el mismo año, en el que el politólogo USamericano Francis Fukuyama se entusiasmaba con el “fin de la historia” Dugin fundó, junto al conocido escritor ruso Eduard Limonov el Partido Nacional-Bolchevique de Rusia.

Limonov era popular, y Dugin contribuyó a una gran parte del programa político.

Por primera vez Alexander Dugin empezó a ser conocido fuera de su país – y occidente se sobresaltó.

Pues el nuevo partido atraía atención de inmediato: La bandera del partido era de color rojo brillante con círculo blanco, dentro, en negro, la hoz y el martillo. Limonov provocaba escándalos frecuentemente, y pronto se unieron al partido especialmente los jóvenes rusos, entre ellos muchos artistas que luchaban contra Boris Yeltsin y su sistema antihumano de la troika (liberalismo, democracia, capitalismo).

En las elecciones, el nuevo partido nunca tuvo verdadero éxito, pero provocaba furor con sus frecuentes marchas. Alexander Dugin guarda buenos recuerdos de aquellos años combativos.

Tras el colapso de la Unión Soviética nos dimos cuenta de que hay que luchar contra las tentaciones hegemónicas occidentales. El gobierno de Boris Yeltsin abrió todas las puertas para la invasión del occidente liberal. Queríamos evitar eso.

En aquel tiempo, los nacional-bolcheviques proclamaron que querían fusionar las formas más radicales de resistencia nacional con las formas más radicales de resistencia social.

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Ante la catedral de Friburgo Dugin examina los libros de un anticuario. Toma algunos de ellos, los ojea, pasa las páginas y los vuelve a colocar en su sitio.

Ahora ha comenzado a llover. A Dugin eso no le molesta. Es más, parece disfrutar del mal tiempo y sigue repasando los libros de la tienda. Alexander Dugin domina nueve idiomas – entre ellos el alemán. Es un autodidacta con mucho talento, aprende las lenguas por su cuenta. Su hijo Artur, ventitantos y estudiante de Filosofía, revela la técnica de aprendizaje de su padre, que en ese momento está apilando los libros que piensa comprar. “Él se pone sistemáticamente a ello, primero aprende la sintaxis de un lenguaje –es decir la estructura – entonces la llena, por así decirlo, con el vocabulario.” Mientras tanto, a Dugin el vendedor le empaqueta los libros en una bolsa.

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La salvaje década de los ´90 hace tiempo que forma parte del pasado. En 1998 terminó la cooperación entre Limonov y Dugin. Mientras que el escritor Limonov apoya hoy el movimiento de protesta anti-Putin, su ex compañero de lucha Dugin se encuentra en el otro lado de la barricada. Dugin ahora dirige el Instituto Sociológico de la Universidad de Moscú y también asesora al Kremlin en materias de política exterior. Por ello, a los observadores occidentales les suenan las campanas de alarma. Pues Dugin no tiene ninguna intención de “distanciarse de su pasado” como es costumbre hacer, sobre todo, en la República Federal de Alemania.

Y como profesor, el carismático ruso es además muy popular entre sus estudiantes. Cuando

Dugin da lecciones en la universidad, la sala siempre se llena al máximo. A menudo incorpora en sus discursos bombásticas instalaciones de vídeo. Mientras Dugin habla a su público, hay una pantalla tras él donde se ven llamaradas de fuego a gran altura, o donde se muestran explosiones.

Sea como fuere, sabe cómo cautivar a las audiencias. Desde hace ya tiempo, sus eventos se han convertido en una sugerencia vanguardista en Moscú. “La estética es importante para nosotros”, dice tranquilamente, dirigiéndose a una pequeña cafetería.
Dugin cuelga su abrigo en el guardarropas, bajo su negra chaqueta lleva una camisa a rayas, que recuerda a los típicos chalecos del Ejército ruso.

¿Y qué fue del Nacional-Bolchevismo? “Fue una fase en la década de los ´90 “, explica, “pero uno debe madurar” Mientras habla se acaricia la barba. Y se santigua antes de beberse el café, como muy creyente cristiano ortodoxo que es.

Dugin y su círculo moscovita de jóvenes investigadores han creado un propio y bullicioso think-tank. Los contenidos fuertemente tradicionalistas se procesan de una manera moderna. “La estética es importante para nosotros”, repite Dugin y mueve su taza de café un poco hacia atrás y hacia adelante. El concepto de Dugin y sus partidarios – en su mayoría jóvenes intelectuales y estudiantes – consiste en la idea de Eurasia: un bloque continental euro-asiático como poderoso contrapeso a la alianza transatlántica. “Es necesario y luchamos por ello “, dice Dugin con resolución.

¿Cómo ve él ve el papel de Alemania en ese orden?

“Alemania es el centro de Europa. Una Alemania que se reencuentra a sí misma, se convertiría en uno de nuestros socios más importantes.” Éstas palabras son una muestra del por qué los círculos políticos berlineses evitan como la peste las tesis de Dugin.

Dugin no tiene miedo a utilizar en la República Federal de Alemania el tabuizado concepto de la geopolítica. El geógrafo y militar alemán Karl Haushofer fue uno de los fundadores de esa ciencia, que desde 1945 ya no se enseña en Alemania. Los vencedores aliados consideraron las teorías de Haushofer como fuente de peligros y se encargaron de asegurar que no aparecieran más en el plan de estudios. Mientras que hoy en Alemania, casi ningún estudiante está en contacto con las obras de Haushofer, Alexander Dugin hace constantemente referencia a ellas en sus conferencias y libros. “Se trata por encima de todo esto, no sólo de preservar las ideas de Haushofer sino de continuar desarrollándolas “. La idea euroasiática es un desarrollo de sus ideas. El enemigo principal de ésta idea es – el mismo que en la década de 1990 – la hegemonía liberal occidental. “La globalización demanda que el mundo entero se someta al sistema de valores liberal-occidental, que niega las particularidades de los pueblos, y que ha olvidado sus tradiciones y su cultura” afirma Dugin, inclinándose sobre la mesa. Con la mano indica en la mesa el bloque de poder occidental, que mediante diversos métodos, desde sedicentes “Organizaciones No Gubernamentales” hasta guerras abiertas, tiene mucho interés en expandir su territorio. El conflicto siempre está presente – ya sea, por ejemplo, con el escándalo de Pussy Riot; que fue masivamente alimentado y propagado mediante ONGs, medios y políticos occidentales; o incluso también en guerras calientes, como actualmente en Siria.

Occidente está abogando por un concepto de “mundo unipolar”, dice Dugin. Él por su parte propone un orden multipolar del mundo – con una fuerte región euroasiática como uno de los centros políticos.

Dugin considera que el presidente ruso Vladimir Putin va por la dirección correcta
– Al menos en lo que respecta a política exterior.

Cuando se inflaman los confictos en la frontera que separa Eurasia de los territorios dominados por la hegemonía occidental, Dugin no duda en desplazarse a las zonas calientes, allí donde se disparan los tiros. Durante la guerra de Georgia en 2008 visitó al Ejército ruso. “Nuestras tropas deben llegar hasta la capital georgiana Tiflis, ocupar la totalidad del país, y de paso también Ucrania con la península de Crimea, que de todos modos pertenece históricamente a Rusia ” lo cita la revista alemana Der Spiegel. Él sería “el barbudo jefe ideológico del resurgimiento del panrusismo”, tronó la publicación izquierdista Hamburger Nachrichtenmagazin contra Dugin, el cual a su vez, en lugar de enfadarse, nos muestra sonriente algunas fotos de su visita a las tropas en el frente de Georgia.

Una lo muestra con un Kalashnikov delante de un tanque ruso.

Éste hombre no tiene nada, absolutamente nada, de “políticamente correcto”.

“Pero el combate contra el occidente liberal-hegemónico se libra especialmente en las mentes“dice Dugin en voz baja mientras va guardando de nuevo las fotos de Georgia. “Mientras que en las Universidades occidentales se enseña que el liberalismo y el individualismo son la cumbre desarrollo humano, nosotros estamos trabajando en desarrollar una alternativa”.

El comunismo, el fascismo y el liberalismo son las tres principales teorías políticas del siglo XX. Políticamente poderoso es hoy sólo el liberalismo, que Dugin considera como una “ideología totalitaria con pretensión universalista”. El liberalismo derrotó al fascismo y el comunismo y por así decirlo, los digerió. “El liberalismo moderno no tiene ni siquiera enemigos reales en sus esferas de dominio. Allí gobierna el aburrimiento político”. Dugin elige sus cortantes palabras deliberadamente. “El mundo debe liberarse del yugo del liberalismo”¿Pero cómo? Dugin habla de la “Cuarta Teoría Política ” que recientemente publicó en forma de libro.

“Una clave importante para la superación de la modernidad está aquí en Friburgo. Es la noción heideggeriana del Dasein (la existencia)”, dice Dugin. Según ésta no habría un solo “Dasein”, sino muchos. Del mismo modo no hay una sola “Cuarta Teoria Política “, sino un gran conjunto de “Esferas de existencia” antimodernas, que tienen todas algo en común: su oposición a la hegemonía occidental.

“Debemos volver a nuestras raíces, a nuestros mitos y Tradiciones. “ Cualquiera que hable con el filósofo ruso, no necesita mucho tiempo para entender por qué los periodistas occidentales lo ven como una amenaza: Él sabe cómo cautivar a la audiencia.Incluso si sólo se sienta en un café sin rimbombantes proyecciones que acompañen su presentación. ¿Debemos aprender los alemanes a ser de nuevo alemanes? Dugin ríe. La primera vez ese día. Tras una breve pausa, responde con calma: “Si los alemanes recuperan la consciencia acerca de su propio Dasein y se despiden de la pesadilla transatlántica, la alternativa de Eurasia estará mucho más cerca. Porque sin (la sumisión de) los alemanes, el proyecto liberal-occidental de la UE no puede existir “.

¿Celebraremos juntos ese día en Berlín o en Moscú? Los ojos azules de Dugin brillan “¿Y por qué no en Königsberg (Kaliningrado)?”

Una cosa parece cierta: quienquiera que sea presidente de los EE.UU. ese día, volverá a dirigirse a sus seguidores hablando de la resurrección del “Imperio del Mal”.

Fuente: Tribulaciones Metapolíticas.

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Esta entrada fue publicada el 13/11/2013 por en Alexander Dugin, Autores, Entrevistas, Eurasianismo, Manuel Ochsenreiter.
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