La Cuarta Teoría Política (4TPes)

Antena en español para una Cuarta Teoría Política

El eurasianismo en el contexto del s. XXI

LEONID SAVIN

por Leonid Savin – La ideología eurasianista ha sido objeto de una serie de cambios en los últimos 20 años. Después, Nursultan Nazarbayev, basándose en un enfoque eurasianista, propuso la formación de una nueva unión en lugar de la URSS, fundada sobre un nuevo principio. Pasaron unos años antes de que la misma comenzara a llevarse a cabo en la práctica estatal. Si se consideran los principales hitos asociados a los proyectos intergubernamentales, entonces el 1 de enero de 2010 puede ser considerado como la fecha en que la Unión Aduanera de Rusia, Bielorrusia y Kazajstán comenzó a funcionar, junto al 1 de enero de 2015, cuando lo hizo la Unión Económica Euroasiática (UEE). Sin embargo, además de los problemas de la unificación de los marcos legales, y de la defensa de los intereses de los ciudadanos de cada país que entra en la UEE, está la trayectoria de la filosofía política que, aunque se mantiene fuera de las actividades políticas oficiales, influye sin embargo en la toma de decisiones y en el progreso de los debates académicos y públicos de una manera u otra.

En su mayor parte se trata de conceptos del eurasianismo desarrollados por los emigrantes rusos en la década de 1920, y cuya teoría comenzó a llevarse a cabo en la práctica política más tarde, por parte de una serie de académicos y políticos en Rusia y Kazajstán. Como es característico del pragmatismo de la realpolitik y de los cambios en la situación internacional, las ideas exactas perfiladas en las obras de los pensadores eminentes no siempre se realizan.

Los temas relativos a los nuevos desafíos y las amenazas, desde el evidente enfrentamiento geopolítico a las oscuras y perturbadoras tecnologías, muchas de los cuales están siendo apuntadas indirecta o directamente contra el proyecto de la Unión Euroasiatica, se han vuelto particularmente relevantes.

En este artículo vamos a tratar de delinear algunas de las posibles trayectorias futuras en el futuro desarrollo del proyecto de la Unión Euroasiática, centrándonos en una serie de aspectos necesarios como mínimo para el funcionamiento de un gran estado o de una asociación intergubernamental. Estos incluyen temas que van desde la teoría política y la economía, a replantear el orden mundial y la estrategia defensiva.

La etimología como una construcción política

En primer lugar, es necesario definir un aparato terminológico asociado con las perspectivas de creación de la Unión Euroasiática. Es imposible omitir la oportunidad de ampliar la base terminológica ya existente mediante la introducción de las innovaciones distintivas en el discurso político, el cual refleja las estructuras profundas de entendimiento. Como dijo Martin Heidegger, el lenguaje es la casa del ser. En la formulación (y la reproducción) de la etimología correspondiente, participamos en el proceso, no sólo de crear nuevos pensamientos, sino también nuevos procesos relacionados con la reorganización de la región euroasiática. Además, es necesario superar el enfoque positivista latino y, en consecuencia, la terminología occidentalocéntrica que se impuso sobre el sujeto. Por otra parte, es necesario elaborar un léxico, un mecanismo, y una cultura de las relaciones internacionales apropiadas para el tercer milenio, no sólo para la región en cuestión, sino para otros rincones del planeta [1].

El nombre “unión” en ruso significa vínculo, o una conexión, en referencia a una determinada comunidad. Se trata esencialmente de un préstamo de la palabra de latina conjūnctiō (conexión, contingencia, acuerdo) o la palabra griega Σύνδεσμος (conexión, enlace). Teniendo en cuenta el desarrollo de estos términos, se observa una diferencia significativa. El extendido término inglés union proviene del mismo término latino, pero sólo en una forma truncada, ya que la palabra junction tiene un significado menor y no refleja la idea de comunidad. Por otra parte, en el léxico político esto puede significar una asociación inestable, incluyendo algunos contratos o “uniones”. Hay interpretaciones más negativas de este concepto, tal como “junta”, que se refiere a los numerosos golpes de Estado llevados a cabo por militares en los países de Iberoamérica. La interpretación aceptada es nominalmente adecuada para una futura unión, pero hay un montón de sinónimos. Sin embargo, esto será sólo una etiqueta para las formas de las estructuras intergubernamentales. ¿Cuál será su contenido?

La cuestión de las formas de gobierno (o cogobierno) y de los mecanismos de toma de decisiones surge inmediatamente. ¿Se creará un parlamento de Eurasia o el poder legislativo será delegado en una asamblea interparlamentaria de la Unión Euroasiática? ¿Es la forma de delegación de la autoridad según el ejemplo parlamentario europeo la adecuada en esta situación, o existe la posibilidad de crear una estructura más flexible y sensible a los intereses de los pueblos de la Unión Euroasiática? ¿Serán aceptadas la ley policéntrica o el consociativismo como herramientas para resolver cuestiones socio-políticas y económicas? ¿Tendrá que seguir siendo la economía el motor de la locomotora euroasiática, o habrá razones más profundas (aunque difíciles de describir con palabras para los políticos) para la consolidación geopolítica (como dijo Aristóteles – el todo es mayor que la suma de sus partes)?

En el momento actual, la Unión Económica Euroasiática funciona prácticamente bajo el formato de una Unión aduanera. Nuevos elementos, especialmente los factores de defensa, la capacidad del personal, así como una ideología unificadora, no han entrado entre los intereses de las opuestas élites nacionales por razones subjetivas y objetivas.

Los filósofos antiguos creían que el Estado es la forma más alta de la creatividad humana. Si esto es así, entonces una unificación tal de estados en un poder unificado con políticas internas y externas seleccionadas cuidadosamente, y un sistema de equilibrios y contadores contra las amenazas externas, sería la forma más alta de todas. Sin embargo, un componente espiritual, una ideología, debe existir por encima de las construcciones políticas cotidianas. En nuestra opinión, la ideocracia, que se caracteriza por una común visión del mundo y por la voluntad de las élites gobernantes de servir a una idea común y regentar la representación “en beneficio de todos los pueblos que habitan ese especial mundo autárquico” [2], debe convertirse en el sistema político de gobierno de la Unión Euroasiática. Por desgracia, esta tesis permanece sólo como teoría bajo la actual nomenclatura. La preparación de una nueva élite es una tarea relevante en la actualidad.

Geografía fatídica

¿Qué es Eurasia? Aunque Eduard Suess utiliza esta palabra en su obra fundamental “La faz de la tierra” [3], en la que apunta la arbitrariedad de las fronteras entre Europa y Asia, es sin duda necesario tener en cuenta primero y ante todo a la escuela de pensamiento eurasianista clásica, desde Petr Savitsky a Lev Gumilev, ya que no podemos construir las bases teóricas para una realidad política sólida en un contexto puramente geográfico [4]. Tomando esto como base, descubrimos que los eurasianistas utilizaron este término en un sentido excluyente. Eurasia es un mundo especial, no la mera totalidad de Europa y Asia. Vale la pena señalar que “en esto siguieron la visión eslavófila del lingüista, etnólogo y geógrafo Vladimir Lamansky, que fue el primero en sugerir que el viejo mundo no estaba dividido en dos sino en tres continentes – Europa, Asia y Rusia, o el “Mundo medio” de la Europa del este y el Norte de Asia – sobre la base de los datos geográficos y lingüísticos” [5]. En este caso tratamos con una fusión de culturas y pueblos habitando este espacio que no “encajan” en los márgenes europeos y asiáticos de Eurasia [6]. Un método similar de geopolítica apofática se puede utilizar para modelar nuestro potencial futuro de la Unión Euroasiática.

La nueva configuración política no será una recreación de la Unión Soviética o del Imperio ruso. Tampoco será a semejanza de la Unión Europea, donde los países se dividen según diferencias lingüísticas, administrativas y, en algunos casos, monetarias, sino más bien estará unida sobre la base de la administración político-económica. Debido al hecho de que una serie de estados de nuestra futura unión tienen sus propios idiomas, no será similar a los proyectos de integración de Iberoamérica [7]. Por otro lado, en este proceso hay no sólo una continuación de un pasado común, sino también raíces culturales y lingüísticas comunes que permitieron a los eurasianistas hablar de una unión lingüística. Por ejemplo, la designación del espacio común de correlación suave de Roman Jakobson, prácticamente coincidía con las fronteras de la URSS, con la excepción del Lejano Oriente, donde la frontera corría aproximadamente a lo largo del río Omolon, separando Chukotka y Kamchatka (esta zona estaba cubierta por Mongolia y las regiones del norte de china). Y Lev Gumilev señaló la complementariedad de los pueblos túrkicos, eslavos y fino-úgricos que habitan en Eurasia en las sierras que van desde el Hindu Kush a Tian-Shan.

Además, la formación de la Unión Euroasiática implica la oportunidad de evaluar todas las insuficiencias de proyectos anteriores, desde el nivel del sistema de gobierno a los intereses de las comunidades locales.

Pero, ante todo, debemos mirar la masa eurasiática desde una perspectiva global.

En sus ambiciones imperialistas, los geopolíticos anglosajones hablan del Viejo Mundo y la continuidad de la cultura política de Europa occidental, olvidando la imagen holística del mundo. El eje geográfico de la historia, así como la Tierra Media (el Heartland), están ubicados en Rusia [8]. De ahí la famosa fórmula de la dominación del mundo que fue corregida por Nicholas Spykman, Zbigniew Brzezinski y Henry Kissinger y que, pese a la modificación, no ha perdido su esencia. Pero, como con cualquier organismo geográfico, este Heartland estaría incompleto sin otros elementos vitales. Así, Kazajstán es la parte más vulnerable de Eurasia, ofreciendo acceso a otros países de Asia central, así como a China y Rusia [9], que representa el Innerland, o la Tierra interior de Eurasia, alejada de la zona costera (Rimland), así como de la Tierra Media. En Occidente, Bielorrusia y Ucrania son la extremidad lógica del espacio cultural-geográfico euroasiático, que termina en la frontera de las montañas de los Cárpatos y la isoterma de enero (según Savitsky). De esto se sigue que Ucrania es un importante eslabón para la Unión Euroasiática, y la amarga lucha de los EE.UU. y Occidente por esta república posee implicaciones geopolíticas, ya que la Unión Euroasiática no estaría completa sin Ucrania.

Mientras tanto, la Unión Euroasiática es un puente entre Oriente y Occidente. Económicamente hablando, es una importante línea de comunicación entre los gigantes políticos de la Unión Europea y China. En relación con la ampliación de la zona de aduanas unificada desde los pantanos de Masuria en el norte, hasta la cuenca del Mar Caspio-Negro en el sur por un lado, y Dzungaria por el otro, la posibilidad de crear un poderoso corredor de transporte ya es de gran interés para Beijing. Por lo tanto, el concepto de tierra-mar euroasiático de Petr Savitsky encuentra su realización en el tercer milenio.

En la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai en Ufa, en 2015, los líderes de Rusia y China discutieron una posible síntesis de la UEE y el proyecto de la Ruta de la Seda, que China comenzó a poner en práctica en el año 2013.

“La integración de estos dos grandes proyectos continentales de integración, transporte y logística es capaz de ofrecer no sólo significativos beneficios económicos, sino también, sin exagerar, la creación de una nueva realidad geopolítica en el espacio de Eurasia, y la generación de nuevas, más favorables condiciones para la vida económica y político-social y los intereses de los países del continente, reduciendo así cualquier posible presión en Rusia y china” [10].

Aunque China, como actor de civilización autosuficiente, se encuentra fuera del esquema clásico del Eurasianismo (la India y Asia Pacífico son también “los de afuera”), tal cooperación es aceptable y en algunos casos incluso necesaria desde la perspectiva de neo-Eurasianismo.

Más allá del marco del eurasianismo clásico

Las principales tesis para repensar el eurasianismo clásico fueron planteadas después del colapso de la URSS por Nursultan Nazarbayev, presidente de Kazajstán, y el estudioso y geopolítico ruso Alexander Dugin. Ambos se aproximaron a este tema desde diferentes lados, pero sus concepciones pueden combinarse adecuadamente y se complementan entre sí. N. Nazarbayev abogó por el eurasianismo desde la perspectiva de un estadista y para preservar la continuidad de la Unión. Según su plan, una nueva asociación debía superar la discordia inherente a las doctrinas del bolchevismo, el marxismo-leninismo y el sistema soviético, y mantener al mismo tiempo los lazos económicos entre las repúblicas. Su propuesta permaneció desatendida durante muchos años debido a una serie de razones, que iban desde los conflictos en diferentes repúblicas, a la errónea orientación del establishment liberal-capitalista impuesta por el estado y por actores no estatales, como el FMI y el Banco Mundial. El proyecto de neo-eurasianismo de Alexander Dugin apareció como una doctrina geopolítica a gran escala que va más allá del alcance de las fronteras geográficas convencionales. La dicotomía clásica de Carl Schmitt de la Tierra y el Mar, y la división entre enemigos y amigos extendieron automáticamente el eurasianismo a una escala planetaria [11].

Duguin señaló que “los eurasianistas no son sólo los representantes de los pueblos que habitan el continente de Eurasia. Eurasianistas son todas aquellas personalidades libres y creativas que reconocen el valor de la tradición, incluidos los representantes de esas regiones que objetivamente siguen siendo bases del atlantismo” [12].

El investigador chino Tao Xu, señaló recientemente y de forma correcta que “el acercamiento entre China y Rusia es un resultado inevitable de la presión estratégica de los Estados Unidos, así como la elección que las partes han hecho con el propósito de su propia supervivencia” [13]. En su publicación, Xu señaló que “la República Popular de China y la Federación de Rusia son las entidades políticas más duraderas en el continente euroasiático, poseyendo históricamente una prolongada civilización y una sofisticada base industrial y agrícola. La interacción entre China y Rusia no sólo promueve la seguridad y el desarrollo de estos dos estados, sino que también podría atraer la atención de los demás países del territorio de Eurasia, incluyendo a Irán y Pakistán, con el fin de alterar el plan estratégico de los EE.UU. en la zona” [14]. Además de continuar un análisis regional a través del prisma del imperativo geopolítico, Xu advierte bastante lógicamente que Iberoamérica representa una fuerza externa de la comunidad de Eurasia, mientras que África representa una fuerza amistosa. También señala que hay muchos partidarios de Rusia y China en Asia.

Por lo tanto, la formación de la Unión Euroasiática, junto con otros procesos de integración en otras partes del mundo representaría un movimiento hacia la creación de un mundo multipolar (policéntrico). Cuanto más pronto se cree la Unión Euroasiática, más rápido los estados lo comprenderán, y otros países que contribuyan a dar forma al nuevo orden mundial serán capaces de escapar de la influencia de los EE.UU., sea por medios directos (poder duro), o indirectos (poder blando).

Es particularmente importante que la creación de una sinergia de poder euroasiático ocasione suficientes dificultades a las fuerzas extranjeras y en primer lugar a los EE.UU., para establecer zonas de control en forma de bases militares o estados satélites. Aunque la presencia de la influencia de Washington todavía se puede observar en Asia Central, especialmente en Afganistán, es muy factible que en un futuro próximo la cooperación adecuada entre los países de la Región, logre forzar la salida de los EE.UU.

Debe tenerse en cuenta que hay dos proyectos más relacionados con Rusia y China: la ruta del Ártico y la estrategia del “Collar de perlas”. La primera es un proyecto geoeconómico a ser realizado por Rusia, ya que una parte importante del Ártico se encuentra dentro de su zona económica soberana.

China logró realizar con éxito su proyecto algo antes. Este “collar” representa una especie de secuencia (o cadena) de códigos donde cada “perla” es un nexo de presencia militar china o de influencia geopolítica a través del cual Beijing está construyendo relaciones estratégicas, y desarrollando oportunidades para establecer una presencia a lo largo de las líneas de comunicación marítima que conectan China y Oriente Medio [15].

Estos dos cinturones están en general cerrando Eurasia del Norte y del Sur en realidad y, si es necesario, se podrían integrar en un anillo logístico naval.

Economía

¿Deberíamos seguir la idea alemana de la autarquía (autosuficiencia), como se describe en los libros de Johann Fichte (“el espacio comercial cerrado”) y Friedrich List (“el sistema nacional de economía política”), en la superación de los diversos nacionalismos (ruso, kazajo, etc. .) y avanzar hasta el nivel de la soberanía económica colectiva? ¿O deberíamos adherirnos a los conceptos de Nikolai Trubetskói y Petr Savitsky, que hablaron no sólo de las decisiones económicas favorables para Eurasia, sino también de un ideal humano universal que podría ser encarnado en el especial mundo de un supranacionalismo eurasianista? [16].

El sistema geselliano de la moneda libre, o la economía ética, que se basaría en distintas funciones dependiendo de la específicidades regionales, de un modo u otro tienen que superar la lógica del capitalismo neoliberal. Los recientes debates sobre la posibilidad de establecer un banco BRICS son un buen comienzo para salir de la dependencia de los activos especulativos de Occidente.

En general, como ha señalado Gregory Gleason, doctor en ciencias políticas de los EE.UU., “la creación de un espacio económico único en todo el territorio de Eurasia está muy atrasada” [17].

Pero si esta “fórmula oficial del actual proyecto de integración en el marco de la Unión Euroasiática significa la integración económica manteniendo al mismo tiempo la soberanía política y garantizando la seguridad colectiva” [18], entonces, en el futuro esto debería ser ampliado para incluir procesos de unificación política y social, incluidos los relativos al nivel de la diplomacia pública. Esto permitiría alcanzar el nivel de integración del sistema y el desarrollo de sus propias reglas de juego.

Como respuesta al desafío de la globalización, es también necesario para: (1) estimular la producción de los mercados nacionales, (2) utilizar el principio de subsidiariedad, (3) defender el comercio local de los estragos de las empresas transnacionales y los aranceles bajos, (4) fomentar la introducción de tecnologías ecológicas, y (5) formar una especie de economía mixta [19].

No importa lo que pueda decirse de la economía inteligente y de la tecnología de la información, los dos pilares de la producción siempre serán el alimento y la energía. Sin comida, el buen funcionamiento de cualquier fuerza de trabajo es imposible, y sin los componentes de la energía las fábricas, las plantas y el transporte se detendrán. Rusia y Kazajstán son los mayores productores y exportadores de trigo del mundo. Además, Rusia y Kazajstán poseen grandes reservas de hidrocarburos y materiales radiactivos y tienen la infraestructura adecuada para procesarlos. El componente de materia prima tiene un carácter ambivalente desde que Rusia y Kazajstán son considerados por Occidente como sus propios apéndices de petróleo y gas. Pero la energía nuclear, a pesar de los incidentes en Japón [20], seguirá siendo prometedora y relativamente barata durante mucho tiempo y, en relación con esto, la futura creación de un grano alternativo (y, en términos más generales, de una agricultura) y los intercambios de energía significarán un nuevo papel y un nuevo estatus para la Unión euroasiática. En este contexto, la adhesión de Rusia a la OMC es analizado por muchos políticos y expertos rusos como un error.

Si volvemos al espacio post-soviético, vemos que Rusia, Bielorrusia, Kazajstán, Armenia, y Kirguistán están en proceso de transición desde el marco de la Unión Aduanera a la Unión Económica Euroasiática.

Aunque puede verse una disminución en el comercio y las relaciones económicas entre estos países debido a la actual crisis financiera mundial, los modelos alternativos están siendo activamente desarrollados, los cuales encajan dentro del conjunto general de documentos de la UEE y no entran en conflicto con las normas de los Estados-nación y el derecho internacional. Especial atención se presta a los servicios o, más precisamente, a la formación de un mercado único de servicios como un proceso complejo y de múltiples facetas [21].

Los grupos étnicos en los procesos políticos de la Unión Euroasiática

Qué tipo de enfoque se desarrolle en la resolución de las cuestiones culturales étnicas y tradicionales entre los pueblos de la futura Unión, afectará a su éxito en gran medida. Sobre la base de la teoría de Lev Gumilev, seremos muy probablemente capaces de evitar conflictos del tipo de Huntington, aunque las tentativas de agitar los conflictos étnicos y la desestabilización desde fuera no pueden excluirse.

Entre los métodos no violentos para gestionar las diferencias étnicas pueden nombrarse: (1) integración y/o asimilación, (2) control hegemónico, (3) arbitraje (incluyendo una tercera parte en el proceso), (4) cantonalización y/o federalización, (5) consociativismo o separación de poderes [22]. La primera opción ha sido probada en Europa Occidental en una versión “humanizada” y es conocida bajo el nombre de multiculturalismo. Su fracaso fue reconocido en 2010 por el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy y por Angela Merkel de Alemania. Las variantes segunda y tercera son absolutamente inadecuadas en nuestro caso. La cuarta ha sido suficientemente estudiada en el ejemplo de los países de Europa occidental, y no es en absoluto adecuada para las realidades del espacio euroasiático. El consociativismo, que es con frecuencia asociado con el corporativismo, es más interesante, ya que no se basa en los principios económicos que ayudan a regular los conflictos de clase, sino “sobre la base de la armonización de la fragmentación social a lo largo de líneas étnicas y religiosas” [23] que ya existen, incluso en Rusia. Como han señalado algunos especialistas en derecho internacional, existe una serie de condiciones bajo las cuales el consociativismo sería eficaz. Estas son:

• El aislamiento segmentario de las comunidades étnicas.
• Un equilibrio pluralista del poder.
• La presencia de amenazas externas comunes a todas las comunidades.
• Lealtad común al estado.
• La tradición de élites flexibles.
• Igualdad socioeconómica.
• Pequeño tamaño de la población, reducción de las presiones políticas.
• Un sistema multipartidista moderado con partidos segmentarios [24].

Hay todavía otro aspecto importante: el cruce de fronteras que no representan líneas administrativas, sino más bien espacios sociales con especificidades particulares. Por ejemplo, si tal fenómeno está armonizado por las particularidades étnicas comunes eslavas y la cultura religiosa ortodoxa compartidas entre Bielorrusia y Rusia, entonces entre Rusia y Kazajstán existen más diferencias no sólo a lo largo de la línea eslavos vs. turcos, u ortodoxos vs. musulmanes, sino, por ejemplo, por la presencia del elemento cosaco y el reparto de un super-ethnos túrquico común compuesto de diferentes partes. Sin embargo, el fenómeno de las fronteras híbridas podría llegar a tener un efecto positivo. La experiencia histórica muestra que la mezcla de culturas contribuye al establecimiento de un polílogo [25] de pueblos a pesar de sus diferencias específicas domésticas, culturales y rituales, y sus diferentes visiones del mundo.

Críticos y opositores

Respecto a la crítica actual a la idea de la Unión Euroasiática, hay una serie de políticos y expertos, principalmente de los EE.UU. y Europa Occidental, que han denominado la iniciativa como un intento de revivir el Imperio soviético con el protagonismo de Moscú en la toma central de decisiones.

Analistas más astutos consideran esta iniciativa en el contexto de la situación internacional, el poder creciente de una serie de estados, y la geopolítica regional. Lauren Goodrich, del centro Stratfor de inteligencia analítica, llamó al plan para la creación de una Unión euroasiática, una restauración del Imperio Ruso “tanto como sea posible”. Cree que, debido a circunstancias geográficas únicas, Rusia tiene fronteras desprotegidas y por lo tanto tiene que maximizar su territorio y crear una profundidad estratégica en su “periferia”. Goodrich escribe que “el plan final de Rusia es recuperar el control sobre la mayor parte de sus antiguos territorios… Rusia comenzará esta nueva integración del Imperio ruso mediante la creación de una unión con las antiguas repúblicas soviéticas sobre la base actual de las actuales asociaciones de Moscú, como la Unión Aduanera, el estado de la Unión, y la Organización del Tratado de Seguridad colectiva. Esto permitirá a la Unión Euroasiática abarcar estratégicamente tanto el ámbito económico como el de la seguridad” [26]. Sin embargo, el experto norteamericano reconoce que la Unión Euroasiática no será una nueva copia de la URSS, ya que Moscú ha tomado en cuenta todos los errores asociados con el control. Por lo tanto. “Moscú influirá en la política exterior y de seguridad, pero no se hará responsable de una gran parte de los asuntos internos de cada país”.

El golpe en Ucrania debe ser evaluado como un intento no sólo de controlar el país, sino también para debilitar la integración euroasiática, ya que los acontecimientos en Ucrania provocaron acciones por parte de Moscú que plantearon evaluaciones ambivalentes. Por ejemplo, el presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, reconoció el régimen de Kiev e incluso proporcionó respaldo logístico a Ucrania para la realización de la operación militar punitiva en el Donbass. Esto ha provocado una reacción negativa de parte de Moscú.

El orden del día incluye también el acceso de Estados de Asia Central, una perspectiva que no ha escapado a la atención de los politólogos. Tayikistán está interesada en formar parte de la UEE y Uzbekistán es considerada una figura no menos importante en el tablero euroasiático en los planes geopolíticos. Sin embargo, hay tensiones sobre los recursos hídricos entre estos países. La actividad de los activistas en Afganistán contribuyó parcialmente al fortalecimiento del papel de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (hay una presencia militar rusa en Tayikistán que ha sido recientemente reforzada con transportes militares y helicópteros de ataque), pero, sin embargo, la adecuada integración de estos dos países exige el desarrollo de una “hoja de ruta”.

Sea como fuere, cualquier crítica debe ser analizada en profundidad. El cuadro es menos claro cuando los argumentos “en contra” suenan desde los think-tanks neoliberales de los EE.UU. o europeos, para quienes, basándose en una lógica neocolonial, el proceso de unificación de Eurasia no está entre sus intereses. Si hay un núcleo racional en las objeciones de los que se oponen, entonces es necesario tomar esos puntos y mantener una extensa discusión. Es necesario entender que la Unión Euroasiática no es un proyecto de las élites gobernantes, sino la materialización de las aspiraciones de los pueblos de nuestro continente.

¿Estrategia o estrategias?

Cada Estado tiene su propia estrategia de actividad política exterior relacionada con sus intereses y valores nacionales. En el ejemplo de los países del bloque de la OTAN, vemos que los argumentos surgen a menudo en cuestiones de política exterior conectados con los principios de la cultura estratégica. Lo mismo podría suceder en la Unión Euroasiática si los intentos de sincronizar las estrategias nacionales, incluidas las cuestiones de seguridad, no se hacen ahora.

El proyecto mismo de la Unión Euroasiática requerirá una estrategia a largo plazo, exigiendo un contenido ideológico, así como la institucionalización de una nueva cultura estratégica, que debería superar las contradicciones étnicas, nacionales, civiles y regionales que, en etapas históricas anteriores, fueron motivo para la escalada de los conflictos. Teniendo en cuenta la nueva situación internacional, pueden asumir nuevas formas asociadas a las prioridades tácticas de las élites gobernantes y la influencia externa.

Esta estrategia tiene que ser necesariamente una Gran Estrategia, ya que implica no sólo una gran escala geográfica y reformas económicas en los Estados que entren en la futura unión, sino también una fuerte reacción por parte de los países o bloques estatales rivales [27].

Aunque este término [Gran Estrategia], originalmente aplicado al arte de la guerra, apuntaba a la necesidad que tiene un estado de hacer esfuerzos a gran escala en diversos ámbitos de la actividad durante una guerra [28], fue examinado de nuevo más tarde por los geopolíticos, y comenzó a ser usado en la delimitación de la consolidación de las actividades de un estado y de las alianzas con el fin de lograr ciertos objetivos estratégicos.

Para este propósito es necesario aprovechar el potencial sincrético de las doctrinas y los acuerdos colectivos ya existentes. El fondo académico, las cuestiones del determinismo natural, el pensamiento de los altos funcionarios, las cuestiones tácticas y las esferas regionales e intergubernamentales deberían culminar en un paradigma euroasiático común, unido. Es necesario estudiar el contexto geopolítico general. Como dijo el destacado geopolítico Colin Gray, el contexto (del latin contextere) tiene dos significados. Se puede referir a lo que “rodea”, o a lo que ahora tiene relevancia diaria. Al mismo tiempo, puede significar “lo que entrelaza” [29]. La unidad es el contexto de la seguridad nacional de los países de la Unión Euroasiática y las bases del desarrollo futuro. Y si los errores tácticos en la realización de diversos programas pueden corregirse todavía, un error estratégico no se puede corregir. En nuestro caso, no tenemos derecho a cometer un error tal, ya que esto significa la pérdida de muchas décadas futuras. Para que esto no ocurra, los actores y fundadores de la Unión Euroasiática necesitan formular el contexto geopolítico ellos mismos, no bajo su influencia.

Notas

[1] El mismo término de “relaciones internacionales” no es del todo adecuado, ya que todas las escuelas existentes – el realismo, el liberalismo y el constructivismo – describen las relaciones en primer lugar entre los estados, y no entre los pueblos, que podrían ser divididos por fronteras estatales o, por el contrario, permanecer en el territorio de un país.

[2] Trubetskoy, N.S. “On the Idea of the Ruler of the Ideocratic State”. Eurasianist Chronicle. 11th Edition. Paris, 1935. pp. 29-37.

[3] Suess, Eduard. Hotel Das Antlitz der Erde. Viena, 1885.

[4] Contracciones similares pueden observarse en los debates geopolíticos contemporáneos que tienen lugar en Iberoamérica, donde los representantes de la Escuela de integración de América del Sur y Central, critican el pensamiento político contemporáneo de América del Norte al nivel de los términos, llamando a su región “Nuestra América” y condenando los procesos de colonización de las antiguas potencias europeas.

[5] Serio P. “Structure and Integrity. On the intellectual sources of structuralism in Central and Eastern Europe. 1920-1930”. Moscow: Languages of Slavic Culture, 2001. pp. 89.

[6] Sin embargo, una remota y más amplia perspectiva de unificación es totalmente posible. En ese momento, una serie de geopolíticos europeos (Carl Haushofer, Jean Thiriart, Hordes von Lohausen) ya se propusieron el proyecto de un continental “Imperio Euroasiático de Dublín a Vladivostok”, indicando la necesidad de integrar los países de Europa Occidental y la Unión Soviética. Más recientemente, el investigador chino Tao Zu propuso la creación de una alianza euroasiática de Rusia y China para la defensa conjunta de intereses en oposición a las ambiciones hegemónicas de los EE.UU..

[7] Los residentes de todos los países de este continente, con excepción de Brasil, hablan español (además del indio nativo, guaraníes, aymaras, etc.).

[8] Makkinder, H. “The Geographical Pivot of History”. Geographical Journal, 1904.

[9] Esta formulación fue propuesta por Brzezinski en su libro: El gran tablero.

[10] A Grozin, V. “The Integration Projects of Beijing and Moscow for Eurasia: Perspectives of Cooperation”. The Post-Soviet Mainland № 2 (6)/2015, pp. 91.

[11] Véase Duguin Our Path: Strategic Perspectives for the Development of Russia in the 21st Century. (Moscow, Arktogeya: 1999); Project “Eurasia” (Moscow, Eksmo, Yauza: 2004); The Eurasian Path as a National Idea (Moscow, Arktogeya: 2002); Foundations of Geopolitics: The Geopolitical Future of Russia (Moscow, Arktogeya: 1999).

[12] Dugin, A.G. “Eurasian View”. Geopolitics No. XIII, pp. 5.

[13] Xu Tao. “China and Russia should create a Eurasian alliance.” People’s Daily Online. 30/01/2012

[14] ibid.

[15] Savin, L.V. “The New Wave of American Geopolitics: a look at China”. The Institute of High Communitarianism. http://communitarian.ru/publikacii/aziaokeania/novaya_volna_amerikanskoy_geopolitiki_vzglyad_na_kitai

[16] Trubetskoy, N.S. “Thoughts on Autarchy.” New Era. Narva, 1933. pp. 25-26.

[17] Paramanov, V. Eurasian Integration and China: virtual expert forum. Part 5. Information-Analytic Center. 04/12/2011. http://www.ia-centr.ru/expert/12185

[18] Solozobov, Y.M. “Eurasian Union: from idea to practice.” Geopolitics № XIII, pp. 15-16.

[19] Savin, L.V. “Globalization for the benefit of peoples. Perspectives for the Fourth Political Theory”. Texto presentado en la conferencia “Earth, live! From Enmity to the Cooperation of Civilizations”. Moscow, 04/12/2009.

[20] Debe señalarse que la estación de Fukushima es un modelo americano. Las centrales nucleares rusas modernas tienen un alto nivel de seguridad, incluyendo el caso de desastres naturales.

[21] Oshakbaev, R.S. “New approaches to regulating the sphere of trade and services in the framework of the Eurasian Economic Union”. Union Eurasia № 3, 2014. pp. 64.

[22] John McGarry and Brendan O’leary. “The Marco-Political Regulation of Ethnic Conflicts” from The Politics of Regulating Interethnic Conflicts: Case Studies of Protracted Ethnic Conflicts (London, Routledge: 1993) pp. 1- 40.

[23] A Hassel. Salaries, Social Pacts, and the Euro: A new role for the state (Amsterdam, Amsterdam University Press: 2006) pp. 281.

[24] Michael, K. Imposing Power-Sharing: Conflict and Coexistence in Northern Ireland and Lebanon (Dublin, Irish Academic Press: 2006) pp 27-28.

[25] En contraste con el diálogo (en griego: Διάλογος) en el que los participantes de una interacción son dos sujetos, el término polílogo (o multílogo) se utiliza para las relaciones multilaterales.

[26] Goodrich, L. “Russia: The Restoration of the Empire as much as Possible.” Geopolitics № XIII, pp . 35-40

[27] Savin, L.V. “A Grand Strategy for the Eurasian Union.” Geopolitics № XIII, pp. 26-30.

[28] Ver Hart The Strategy of Indirect Actions (Moscow, Eksmo: 2008).

[29] Gray, Colin. Modern Strategies Chapter 5 “Strategic Culture as Context” (Oxford, Oxford University Press: 1999).

Fuente: Internet Archive Eurasianist

Extraído de Katehon.

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Esta entrada fue publicada en 28/03/2016 por en Autores, Eurasianismo, Geopolítica, Globalización/Mundialismo, Leonid Savin, Reflexiones y etiquetada con .
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