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El Dasein norteamericano: los EEUU y la identidad profunda en el mundo multipolar

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por Angel Millar – “Los EEUU son una comunidad de místicos profundamente individualistas” dice Alexander Dugin en su libro “Misión Eurasianista: Una introducción al neo-eurasianismo”.

Deberíamos salir del camino desde el principio. Como pensador cuyas ideas ciertamente han influido ciertamente en el presidente de Rusia, Vladimir Putin, Dugin está considerado como un individuo peligroso por el gobierno de los EEUU, así como por los conservadores, neoconservadores y la izquierda sin distinción –en otras palabras, por la gente más influyente en los EEUU de hoy. El gobierno de los EEUU ha impuesto recientemente sanciones sobre Dugin (es el único intelectual que se enfrenta a sanciones de los EEUU) y el presentador de radio Glenn Beck, lo ha denunciado como “uno de los más peligrosos seres humanos del planeta a día de hoy”.

El Dasein americano

Os animo a hacer vuestras propias investigaciones, para formar vuestra propia mente, pero yo puedo decir que Dugin explícitamente denuncia el fascismo (incluyendo el nazismo), el nacionalismo y el racismo en “Misión Eurasia”. Pero aquí es donde empiezan los problemas, tan lejos como llega el poder establecido occidental: Dugin también se opone fuertemente al “liberalismo americano” y a la creencia de que los valores occidentales deben ser exportados a cada esquina del mundo, y –mientras cree que los nacionalistas blancos deben abandonar su racismo- también cree que los disidentes de la izquierda y la derecha necesitan trabajar juntos para oponerse a la actual hegemonía global.

Lo que es importante para Dugin es que las culturas y civilizaciones están calculadas para crecer orgánicamente y poseen diferentes cualidades, creencias y características. Esto no significa que estén separadas. Las civilizaciones deberían cooperar, y no necesitan excluir pueblos de otras civilizaciones, razas, etc. Los musulmanes podrían vivir en países no-musulmanes, o los indios en el Oeste, o los occidentales en la India, por ejemplo. Pero, sin ser demasiado técnicos, esto significa que habrá una civilización americana (o “atlantista”), una civilización musulmana, una europea, una africana, etc., todas llegando a su propia realización y trabajando juntas. Para Dugin, habrá un mundo “multipolar”, y no uno “unipolar”, en el que los valores actualmente populares en los EEUU y sus aliados son exportados por todo el mundo sin importar los sentimientos de otras culturas, junto con, por supuesto, las cadenas de comida rápida, etc.

Pero, hay otra América con una “profunda identidad”: “La América que existe por la creación de su dios personal para sí misma”, dice Dugin.

Es una lluvia que cae hacia arriba más que hacia abajo. Esta trascendencia voluntaria sirve como una profundidad que puede y debería surgir de la banalidad de la ideología de la modernidad. Es un tipo de lado secreto del liberalismo, donde sus limitaciones son trascendidas fuera de los esfuerzos heroicos de la soledad absoluta. Los EEUU son el único lugar donde tal soledad es posible. Para trascender, esto es obligatorio.

Como un extraño viviendo en los EEUU, la aceptación de Dugin sobre la profunda naturaleza metafísica de la nación –pasada por alto por el espíritu del tiempo político actual- me recordó lo que sentí la primera vez que llegué allí desde Inglaterra hace varias décadas, y que, realmente, es por lo que yo quise responder.

Como un adolescente fui presentado, por un profesor bastante raro, para el libro sobre las bandas violentas Run Baby Run de Nueva York, así como a los actuales asesinos y suicidios en la ciudad en la forma de diversas fotos en blanco y negro. Tal persona no debería quizá haber estado al cargo de un niño, pero si recuerdo correctamente, el creía esto –y la iglesia- nos salvaría. Yo decidí que Nueva York era un desierto cultural y tierra de bandas, y me sorprendí, cuando llegué años después, al descubrir un lugar muy diferente, de lejos más pacífico y creativo. Tendría que decir, sin embargo, que Nueva York es actualmente menos creativo y menos tenso que la primera vez que llegué a los EEUU, pero los comentarios de Dugin me recordaron el sentimiento que tuve en aquel tiempo.

Lo que me chocó al llegar a los EEUU fue el interés y la presencia de otras culturas, especialmente en relación a la espiritualidad. Centros espirituales, de nueva era, y ocultistas (o al menos librerías) existían y parecían relativamente vibrantes. La religión era de lejos más importante que en Inglaterra, tanto si era cristianismo, judaísmo, budismo tibetano, o lo que fuera. Había (y por supuesto lo hay todavía) una gran Chinatown, donde se habla chino (la de Londres es diminuta). Practiqué Kung Fu por la mañana pronto, en un parque en Chinatown e iba después a por té a lugares chinos; iba a leer a un café francés que siempre estaba vacío y los propietarios eran franceses; fui a librerías espirituales y ocultistas; a los museos, a eventos japoneses con mis amigos japoneses; y a otras cosas. Recorriendo los EEUU, mi vida se sumergió mucho más conscientemente en lo arcaico y lo “tradicional” que en la mucha más antigua cultura de Inglaterra.

El capitalismo, por supuesto, siempre ocupa lo que es diferente y entusiasma, y lo reempaqueta para el gran público, a menudo destruyendo las raíces creadoras de cultura como consecuencia. Pero, si dejamos a un lado este aspecto, y regresamos a la gente, la historia de Norteamérica es una con mucha más profundidad que cualquier otra. Incluso, mientras Inglaterra y Europa imitan los aspectos más vulgares de los EEUU, los americanos a menudo esperan algo más integral.

Hay algunas cualidades que merece la pena mencionar:

La exploración de nuevos espacios

Quizá la cosa más americana que yo jamás he hecho fue dejar Inglaterra por los EEUU, un país con mucho menos apoyo gubernamental para los individuos, pero de lejos, mucha más libertad para ser uno mismo.

Norteamericanos y Europeos usan dos palabras de forma diferente que les hace entenderse de forma muy difícil. Para los norteamericanos “antiguo” es un siglo atrás, para los europeos es un milenio atrás. Pero cuando los europeos piensan en cientos de millas es casi un viaje imposible. Para los norteamericanos son unas horas de viaje.

Noretamérica es enorme. El país de Bélgica tiene más o menos la misma población que Manhattan. La profundidad de la psique norteamericana es, en parte, fruto de la explotación de la enormidad o “infinito espacio”, para usar el término de Jean Gebser.

“Tú no puedes servir a Dios y a Mammon”: Clint Eastwood, como un predicador misterioso que aparece en una pequeña ciudad y lucha contra una corporación corrupta de minería. El título de la película es una referencia al libro de las revelaciones: “Y miré, y vi un pálido caballo: Y el nombre que iba con él era la muerte, y el infierno le seguía”. De la película de 1985 “Pale Rider” (el jinete pálido).

Fraternalismo y tribalismo

Mientras que la independencia y la libertad siempre han sido marcas distintivas de la experiencia americana, la creación de comunidades es otro aspecto, tanto si aquellas comunidades son fraternidades, comunidades, música y festivales sub-culturales, o “sucesos” artísticos.

En el tiempo de la guerra de independencia, la fraternidad de la francmasonería fue un factor muy importante en la vida de las personas en Europa y los EEUU, y se volvería cada vez más importante en otros sitios. Aunque a menudo se consideraba como una sociedad secreta con las llaves del poder, debido a que el primer presidente de los EEUU, George Washington, así como una serie de firmantes de la Declaración de Independencia eran francmasones, generalmente se pasa por alto que aquellos rebeldes habrían sido colgados por traición si hubieran perdido. Washington defendió a la francmasonería durante la guerra, no por ascenso social, sino porque él creía impartir un sentido de la moralidad y la ética que era necesario para los líderes.

Después de la guerra, los símbolos masónicos se convirtieron en parte de la cultura americana, y fueron cosidos en los edredones por las mujeres casadas, y tallados en los bastones por los hombres. Otras fraternidades surgieron, tales como “Odd Fellows” y “Knights of Pythias”.

Aparecieron movimientos religiosos aislados, tales como los cuáqueros y los mormones. Durante el siglo XX, emergieron en forma de comunas hippies autosuficientes, colonias de artistas, pandillas, comunas anarquistas, el “tea party”, “occupy Wall Street”, “Burning man”, y ¿me atreveré a decirlo?, por supuesto, grupos mediáticos sociales.

No me sorprende que el autor más vendido del New York Times, Seth Godin, esté entusiasmado sobre cómo la nueva economía estará basada en “tribus”. Las tribus son parte del ADN norteamericano, y son parte del futuro norteamericano.

Independencia y rebelión contra autoridades externas

Fundada por revolucionarios, la rebelión yace en el fundamento del país, y está encarnada en la constitución, y, por ejemplo, la primera prohibición de la enmienda sobre la restricción gubernamental de la libre expresión o impedir la práctica de religión. La relativamente mayor libertad de expresión en los EEUU ha sido un factor de innovación, en términos de ciencia, arte y cultura, especialmente subcultura –desde el break dance y el hip hop hasta el punk o proto-punk (ej. The Ramones y Patty Smith).

Religión y espiritualidad

Dejando a un lado la corrección política (que busca cambiar todas las religiones en clientes políticos, robándoles su esencia natural), los EEUU eran, desde el principio, un refugio para renegados religiosos. En parte a causa de la inmigración, la religión ha permanecido como importante (las sociedades inmigrantes son sociedades religiosas), y la práctica de la religión o la espiritualidad es más importante en los EEUU que en, por ejemplo, la principalmente secular Gran Bretaña, un país con una historia mucho más larga y una iglesia asentada.

Entre la gente joven, en particular, encontramos intereses en el budismo, la meditación, el yoga, etc., y varios expertos han afirmado en años recientes que los americanos se están volviendo “más como hindúes” que cristianos, con el incremento en la aceptación de diferentes religiones como iguales y válidas. Las raíces de este cambio en la consciencia van mucho más atrás, hasta la Alemania del siglo XIX, donde el vegetarianismo, el culto al sol y el yoga fueron populares en el denominado movimiento Wandervogel. Algunas de las figuras más importantes en el movimiento, más tarde se mudaron a Los Ángeles, y establecieron los fundamentos del movimiento Hippie.

El cariño a los viejos continentes

Así mismo, la conexión con las civilizaciones antiguas es mucho más importante para muchos norteamericanos que para muchos europeos que ignoran incluso su propia historia. No solamente he encontrado norteamericanos más interesados en sus propias historias familiares que los ingleses, sino que ellos quieren conectar con las antiguas civilizaciones, de aquí su interés en los mayas, y en algún grado, en el budismo, el paganismo, en Israel (para los cristianos evangélicos), y otros.

Mientras esto puede ser un tipo de turismo mental y emocional, eligiendo lo que es fácil y lo que alaga a la vanidad, quiere decir, no obstante, que para más pensadores americanos, la antigüedad y la tradición es importante, incluso si Norteamérica no la encarna. De aquí que los americanos o elijan o inventen la tradición, desde el literalismo religioso hasta la experimentación con drogas psicodélicas como parte de algún tipo de movimiento religioso “New Age”.

La muerte: Unidad trascendente del ego y del paisaje

Dugin ve otra posibilidad para el descubrimiento de una “profunda identidad” americana en la confrontación con la muerte. No es insignificante, desde mi punto de vista, que la francmasonería ponga un gran acento en el énfasis sobre la moralidad, y reorienta al iniciado, para que su vida –invocando a Heidegger- sea un tipo de “ser hacia la muerte”. Esto es, sostiene su moralidad en la visión que entiende que la vida es un viaje hacia y a través de la deidad.

Washington y otros norteamericanos importantes, que eran francmasones, habrían entendido esto. Pero, con el relativo declinar del fraternalismo –así como la trivialización de la muerte como parte del entretenimiento popular y referido al “daño colateral” por lo militar –los americanos han reemplazado la muerte con sociabilidad. Es el paisaje –a menudo vacío de marcas- que le recuerda a la inmensidad del ser que está fuera de él, y que él es, en otras palabras, diminuto en comparación con el universo.

Tres ejemplos de sociabilidad en la cultura:

A principios de 1969, uno de los personajes de la película Easy Rider, Wyatt, se quita su reloj y lo lanza al suelo. En la inmensidad, no hay tiempo, no hay punto final teleológico hegeliano, y ningún movimiento cristiano hacia el “fin de los días”. Solo hay un místico, Zen sin tiempo, en el que la vida y la muerte coexisten. A partir de aquí Wyatt ha vislumbrado su propia muerte días antes de que ocurriese.

En Pale Rider (1985), una figura misteriosa se aparece en el paisaje para proteger una pequeña ciudad de una corrupta corporación minera. Interpertado por Clint Eastwood, el hombre a lomos de un caballo resulta ser un predicador que reparte justicia con un arma, exclamando “tú no puedes servir a Dios y a Mammon”. Notablemente, el título de la película es una referencia al libro de las revelaciones: “Y miré, y vi un pálido caballo: Y el nombre que iba con él era la muerte, y el infierno le seguía”. El predicador es un asceta, o algún tipo de místico o guerrero gnóstico que viaja por los parajes y en ausencia de civilización.

De nuevo, encontramos esta inmensidad en American Beauty (1999), en un escenario suburbano. Ricky Fitts, un traficante de cannabis, muestra a su novia una película que ha grabado de una bolsa de plástico ondeando en el aire, y le dice a ella que él lo vio y se dio cuenta de que había una fuerza detrás de todo esto y que “no es necesario tener miedo”. Dice “algunas veces hay tanta belleza en el mundo, me siento como que no puedo tomarla y mi corazón justo va a hundirse”. Es una experiencia gnóstica.

En su peor sentido, el reemplazo de la inmensidad por la muerte se manifiesta como invasiones a países extranjeros, la construcción de rascacielos y otros trofeos de caza, etc., y en el mejor, el acudir a los grandes parajes y a la naturaleza (ej., Burning Man; el neo-paganismo, explorando cómo controlar las energías renovables, etc.), o hacia ideas sociales, políticas y culturales, y a la espiritualidad (meditación, etc.), profundamente.

Conclusión

Exportando sus valores más modernos y su cultura comercial por todas partes, es fácil creer de los EEUU que son un estado materialista e híper-moderno, que eleva lo trivial y lo popular. Ciertamente esto es como muchos en el mundo lo ven. Pero esto no es el reflejo de muchos pueblos americanos o de la historia de los EEUU, que se separó de un imperio (el imperio británico) para gobernarse a sí mismo según una constitución que aseguró la independencia del gobierno.

El espíritu americano, oculto tras la vulgar comercialización y la superficialidad, tiene varios aspectos:

(1) La voluntad de llegar a lo desconocido, tanto en términos de paisaje y naturaleza como en término de ideas, arte y cultura. (2) El fraternalismo y el tribalismo: la creación de comunidades de personas que comparten las mismas opiniones. (3) La voluntad de vivir y prosperar fuera de la principal corriente de pensamiento. Independencia, pensamiento creativo. (4) Espiritualidad, religión y misticismo. Y (5), un sentido de redescubrimiento de lo arcaico a través de todo lo dicho anteriormente.

Fuente: Katehon.

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Esta entrada fue publicada en 02/05/2016 por en 4TP, Angel Millar, Autores, Geopolítica, Globalización/Mundialismo, Liberalismo, Reflexiones y etiquetada con , .
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